12ª Bienal Arte Lanzarote
Comisaria: María José Alcántara
Exposición: La isla en casa
Virgilio Gutiérrez Herreros
El Aljibe/El Almacén, Arrecife, Lanzarote
febrero/abril 2025
Diseño de la invitación/cartel: Diego Gopar
Diseño de la exposición: Virgilio Gutiérrez y Diego Gopar
Asistencia: José Miguel Rufino
Impresión de fotografías y dibujos de gran formato: La Cámara – Miguel Ángel Roldán
Enmarcado: Artedrago – Miguel de Taoro
Montaje de la exposición: CIC-El Almacén y CACT
Texto que introduce la exposición en El Aljibe:
‘Hacia una colección en el límite’ es una recopilación de dibujos y de fotografías propias, y de amigos y de personas con las que he mantenido algún tipo de contacto durante más de cuarenta años de trabajo. Orientada desde las preocupaciones del hacer personal, reúne referencias que devienen de la duda, al indagar sobre cómo intervenir desde la pequeña escala, desde lo menudo como esencia, en la isla y sus frágiles paisajes.
Con apoyo en dibujos y fotografías de la colección – fragmentos de trabajos específicos – , la exposición intenta centrar la atención en la necesidad de aprehender las condiciones inherentes a cada sitio y problema concreto, como materia ineludible de proyecto, a fin de poder rehacer, desde la responsabilidad social y territorial, ‘La isla en casa’.
La isla traducida en el hogar que te arropa y no deja de sorprenderte y emocionarte … un fluir de jardín, de mar y medianía, de miradas, de patio y luz, de sombras y penumbras, de brisas, de resonancias, de piedra y madera, de intimidad, de las personas que quieres y añoras, de sosiego … . ‘Cuando la casa protege y a la vez se abre, se acerca al paraíso’, nos dice el poeta, Alejandro Krawietz.
La arquitectura como un dibujo en papel, que deambula de un lugar a otro, cuestionando cada disyuntiva en un proceso sin límites. Agradeciendo el hacer como pauta de vida; resistiendo, frente a un espacio auspiciado a la tragedia, en la convicción de una utopía aún posible.
Nota: Los dibujos y fotografías que se presentan forman parte de diferentes series / secciones de la colección:
La isla en casa
Dibujos en el cruce de caminos
Casas en papel
Casas en papel en juego de color
Un paseo por la isla … paisajes construidos … miradas transversales
Trazos y líneas de vida
Dibujos del desaprender azul … en el diván del tiempo ( proyección )
El Aljibe – El Almacén – Arrecife – Lanzarote
‘El Almacén se levanta sobre la unión de dos viviendas del siglo XIX, un ejemplo de la arquitectura doméstica burguesa de Arrecife. Entre 1933 y 1970 el edificio fue sede de la Escuela de Artes y Oficios de Arrecife.
En 1973, el artista lanzaroteño César Manrique compró el edificio y lo remodeló. El 22 de febrero de 1974 se abrió al público como ‘centro polidimensional’, concebido como un laboratorio abierto a la experimentación y a la promoción del pensamiento, la cultura y el arte de vanguardia. Un equipo creativo formado por Luis Ibáñez, Pepe Dámaso, Gerardo Fontes y el propio Manrique se hizo cargo del proyecto.
Pablo Bucarelli dirigió el espacio durante sus primeros años de vida, convirtiéndose en centro neurálgico para la cultura, el arte y el ocio insular, y un referente cultural de Canarias. Un espacio especialmente singular donde confluyeron creadores y artistas como Pierre Alechinsky, Manolo Millares, Óscar Domínguez, Ildefonso Aguilar, … .
En 1979, Cipriano Fierro tomó las riendas del centro e incorporó a la programación a artistas internacionales como Kenneth Noland, Jasper Johns, Clyfford Still, Frank Stella, Jim Dine, …, y actividades relacionadas con el pensamiento ambiental.
El Almacén tenía una librería, una tienda de muebles de diseño, una sala de exposiciones ( El Aljibe ), un cine, un bar, y, sobre todo, había mucha actividad en torno a César Manrique, siendo muchos los rostros relacionados con la cultura y el arte que, atraídos por César, pasaron por allí.
En 1989 el Cabildo de Lanzarote adquirió El Almacén a César Manrique, lo reformó e instaló aquí las dependencias del área de Cultura, manteniendo actualmente, y tras nuevas remodelaciones, el cine, el bar y dos salas de exposiciones, además de otras dependencias para uso cultural.
El Almacén ha posibilitado, no sólo la recepción de exposiciones y artistas tanto de dentro como de fuera de Canarias, sino también la configuración o el inicio de la primera tradición plástica de artistas nacidos o vinculados a Lanzarote, como espacio catalizador y vertebrador de buena parte de la vida cultural de la isla durante los cincuenta años pasados.’
Texto previo al montaje:
Santa Cruz de Tenerife, enero de 2025
Virgilio Gutiérrez Herreros
En la película ‘Para construir un paraíso’, dedicada a Vicente Saavedra y al viaje que realizó con sus compañeros de promoción a Finlandia, Alejandro Krawietz, hablándonos de Tenbel, nos dice que ’el sueño es una historia real que parece un cuento pero es certeza de un paraíso insular’. Sus palabras son memoria y esperanza atemporal de ese niño que cierra la película frente al perfil árido y desolador de Las Galletas, y que con su mirada hacia el otro lado, hacia nosotros, oculta bajo unas oscuras gafas de sol – acunada por el poema de Eugenio de Andrade … ‘donde es joven y nace la belleza … donde la luz es feliz y se demora’ -, nos escruta y exhorta, hoy quizás como una persona sabia y mayor, a resistir frente a un espacio auspiciado a la tragedia, con incansable tenacidad, a la convicción de una utopía aún posible.
Alejandro insiste en que, ‘habitar las islas … gestionar el territorio, los recursos, los residuos, la movilidad, la convivencia … es habitar la precariedad … .Los insulares vivimos entre dos líneas: una real, la orilla, y una metafísica, el horizonte; y es entre ellas, en ese espacio que vemos y no existe, donde construimos nuestra existencia, no como aislamiento, sino como conciencia de límite. Nadie como un insular conoce sus límites. ¿ Somos el resultado de un naufragio ? ¿ Somos los insulares algo así como eternos náufragos ? …’.
Y se pregunta, ‘¿ si en nuestros ensueños de insulares, escondido entre la apariencia del paraíso y la conciencia de infierno, encendido como una gran esperanza, siempre está, al fondo, el deseo de un rescate ?… . Si así fuera, el acto de construir una cabaña, un lugar para la espera, supone el más hermoso desafío, oponer a la idea de abandono la idea de paraíso … una metafísica de la acción … .Cuando la casa protege y a la vez se abre, ( el habitar ) se acerca al paraíso.’
Y otro amigo, César Portela, hace ya un tiempo, relatándonos de una forma intensamente bella las inquietudes de su trabajo en una pequeña isla gallega, nos decía:
‘ ¡ Ay, quién pudiera mezclar en un mismo perfume la menta y la canela ! … . El proceso experimentado a lo largo de todo el proyecto, y de toda la obra, fue una lucha constante por conocer, comprender y conciliarme con las preexistencias, aproximarme a ellas y disfrutarlas y, a la vez, tratar de distanciarme, para poder recuperar mi autonomía, mi propia capacidad de discernir y de proponer aquello que faltaba, aquello que las islas estaban pidiendo a gritos, pero que el embrujo del lugar impedía oír. Se trataba, ni más ni menos, de transformar un espacio que se había adaptado a la tragedia en otro propicio para la esperanza, sentando así las bases de un futuro más rico, más complejo, sin exclusiones, que nos permita, respetar y disfrutar de lo anterior y de lo nuevo, de lo propio y de lo diferente a la vez, y así conseguir mezclar, como si de un perfume nuevo y maravilloso se tratara, la menta y la canela.’
Un hogar que se vuelque al paisaje, pero a la vez sea un acogedor, cálido y sereno refugio interior, sencillo, que te arrope desde la naturalidad de los acabados y que no deje nunca de sorprenderte y emocionarte. Un fluir de jardín, de mar y medianía, de miradas, de patio y luz, de sombras y penumbras, de brisas, de resonancias, de piedra y madera, de tonalidades naturales, de las personas que quieres y añoras, de sosiego, … .
He tenido la oportunidad de plantear un refugio en la arista de un acantilado, erguido sobre la costa agreste del norte de la isla, donde hoy existe un pequeño invernadero, ya abandonado, colmado de vegetación que, literalmente, lo ha engullido. Me imagino, casi sin tocarlo, disponer bajo su frágil techumbre unas pequeñas estructuras de madera, como si de las cuadernas del casco de un bote se trataran, alejando los esfuerzos del borde abrupto para aferrase a la sillería existente en su trasdós, acomodando un lugar volcado al vacío, para ser ofrecido como morada, así lo he pensado, a un polizón, con la suerte de ser rescatado de la oscuridad de las entrañas de un navío, para ofrecerle la oportunidad de habitar la inmensidad azul del océano. ¡ Un polizón poeta ! Y pienso a quién acoger en este espacio: ¿ Luis Feria ? … mejor no, por si acaso desplegara sus alas para volar y revolotear sobre la orilla escarpada …, y recuerdo a los poetas que de una manera u otra he tenido la oportunidad de conocer: Andrés Sánchez Robayna, Alejandro Krawietz, Isidro Hernández, Sergio Barreto.
Hay que procurar hacer indeleble la transición entre el exterior y el interior, entre lo público y lo privado, entro lo más expuesto y lo más íntimo. De lo común al sigilo, a lo más recogido, íntimo y preciado del hogar, procurando la fluidez de los espacios sin discontinuidades abruptas, guiados en todo caso por la mirada y la intensidad de la luz, en la búsqueda del silencio.
Vivo la arquitectura casi como un dibujo en papel, que deambula de un lugar a otro. Nunca como un proceso cerrado, o como un hecho que concluye en sí mismo. Cada resultado complementa, contradice o cuestiona el anterior y así sucesivamente, persistiendo en la memoria sólo aspectos muy concretos de cada disyuntiva. Empeñado por entender, y experimentar, el cómo construir en un territorio frágil y menudo como el que nos ocupa, insistiendo en que lo importante es, en todo caso, procurar construir la isla en casa, aprehendiendo las condiciones inherentes a cada sitio concreto como materia ineludible, con la ilusión de poder continuar afrontando lugares y deseos, agradeciendo, en todo caso, el hacer como pauta de vida. Tengo la sensación de encontrarme sólo en el preludio, con innumerables anhelos por tratar, y con el tiempo que se escurre inevitablemente entre las manos.
Texto para la página web de la Bienal:
Arrecife, febrero de 2025
María José Alcántara
Alejandro Krawietz, en ‘Para construir un paraíso’, evoca la dualidad entre el sueño y la realidad insular, donde habitar las islas significa gestionar precariedades y reconocer límites. La existencia insular oscila entre la certeza del naufragio y la esperanza del rescate, en un constante equilibrio entre la utopía y la tragedia.
César Portela, en su experiencia en una isla gallega, describe su lucha por comprender y transformar el paisaje sin perder su autonomía creativa. Busca conciliar lo preexistente con lo nuevo, mezclando tradición y modernidad como un perfume que une menta y canela, apostando por un futuro inclusivo y enriquecedor.
Desde esta sensibilidad, el autor proyecta un refugio en un acantilado del norte de la isla de Tenerife, reutilizando un invernadero abandonado. Su idea es convertirlo en un espacio para un polizón poeta, alguien rescatado del aislamiento para habitar la inmensidad del océano. Evoca figuras como Luis Feria, Andrés Sánchez Robayna o Sergio Barreto, poetas que han influido en su visión del espacio y la memoria.
La arquitectura, para el autor, es un dibujo en constante movimiento, una transición fluida entre exterior e interior, luz y sombra, paisaje y refugio. No busca el cierre sino la continuidad, creando un hogar que dialoga con el entorno y la emoción. La casa se convierte en una manifestación de la misma isla, un espacio de serenidad que aúna materiales naturales, resonancias del mar y la calidez de la luz.
En este proceso de aprendizaje y reinterpretación, el autor reconoce la fugacidad del tiempo, pero persiste en la búsqueda de traducir la esencia de la isla en su obra, agradeciendo el hacer como una forma de vida.
























































