01 dibujo de Caty

Caty, alumna del Colegio de Educación Especial Acamán, tiene dieciocho años.

A Caty, niña menuda e introvertida de recia personalidad, le brota la hipersensibilidad hacia lo que le rodea reafirmando su sentir con su mirar a través de una cámara.

Detengámonos unos instantes en ésta su fotografía.

A contraluz de un cálido ocaso de tenue y difusa luz recorta el profundo perfil arbóreo de un pequeño drago, y nos descubre, quizás, que es, realmente, ese suave cielo del atardecer el que atrae y seduce hacia si su frágil vitalidad.

Permítanme que les sugiera, como le haría ahora a los niños, un pequeño juego. Entrecerremos los ojos y procuremos otra mirada.

Podríamos imaginar, quizás, que se trata de un espejo fracturado de sombras imposibles descansando de cara a un cielo de infinita serenidad. ¿ Porqué no ?

02 dibujo de Salka

Salka, usuaria del centro de día Acamán, acaba de cumplir veintisiete años.

Feliz vive en ese su mundo de cascos y músicas que suenan todas a la vez; de creyones de fantástica madera, siempre brillantes; de rotuladores presentados en extraordinarios estuches transparentes cuyo inmaculado orden inicial es imposible de restablecer; de bolígrafos de punta fina y minas siempre desarmadas que acaban inagotablemente surgiendo de aquí y de allá; de trazos firmes, a veces incansables, que toman vida propia para explorar otros caminos … por la mesa, las camisetas, los pijamas, las sábanas, … y que terminan entrelazados en arabescos que maquillan sus dedos con tintas imposibles de lavar …

Salka tiene la inmensa suerte de vivir al margen; en un lugar privilegiado donde nuestras lógicas carecen afortunadamente de lógica; en las afueras de las afueras; en esos sitios soñados por el escritor que no escribe; en esa niebla de la invisibilidad eterna que todo artista intuyo anhela.

Detengámonos en éste su dibujo y repitamos el juego anterior.
Entrecerremos los ojos y ahondemos nuestra mirada.

Podríamos imaginar, quizás, que descansamos echados sobre un lecho de arena a la sombra de una bóveda hilada de colores infinitos por los que fluye la brisa con suavidad; abandonados a la nada de un nuevo amanecer; adormilados bajo el sereno fluir de las sombras y los destellos de la luz y del color; acunados por el alegre ir y venir de ‘gorriones, jilgueros, verderones, calandrias y algún raro pinzón azul' que el poeta, Luis Feria, anida, ahora, en los reflejos de nuestra piel.

' La inmersión en esos lugares de la ensoñación donde se destiñen los límites de lo real y de lo imaginado; errando a través de esos espacios intermedios de las resonancias y de la energía eterna que presuponen el tiempo detenido. Negando la realización; meditando entre unos; perdido plácidamente en ese contradictorio rincón de la superficie calma del agua siempre agitada donde nace el silencio y la soledad ... ' ... .

desde donde todo, 2017