Espacios Intermedios: ambigüedad y huida

Santa Cruz de Tenerife, noviembre de 2007

Autorretrato en el espejo

Lo real y lo imaginado se difuminan en un horizonte incierto, espacio intermedio, líquido, etéreo, que nos transfiere hacia otra dimensión más emotiva e intensa. La ambigüedad, provocadora, inmensamente reflexiva y creativa, entre el 1 de la ensoñación, de los deseos, de las capacidades magnificadas, y el 1 objetivo, palpable, de las limitaciones, de los condicionantes, de los imprevistos, de los aciertos que nos alegran y de los errores que nos desconciertan, nos avergüenzan y, tanto, nos enseñan. El fluir vital interminable de ideas y de cuestiones. La evocación del sentir.

‘El Doblez es la astucia con que la superficie habla, dando a entender lo contrario de lo que es’.

El catálogo de la exposición Tenerife Island City, organizada por la Escuela de Arquitectura de la Universidad Metropolitana de Londres hace ahora aproximadamente un año, recoge un pequeño y bellísimo texto de Juan Antonio González sobre la Escuela de Artes Escénicas de Tenerife.

Transitar el edificio por su través conlleva un paseo emocionante y asombroso por la oblicuidad de lo dual: cubierta u horizonte, patio interior abierto o exterior cubierto, caja escénica o paisaje, océano o maquinaria teatral, decorado o isla móvil, tarima o ciudad, techo o cielo, teatro o territorio, representación o escena urbana, coreografía o acción, actor o espectador, disfraz y máscara o verdad maquillada, vacío o lleno, filo o contorno, …

El 1 del revés y el 1 del envés, del reverso y del anverso, confundidos, disgregados y ligados en un fluir de ilimitada indeterminación. La inagotable fertilidad de lo impreciso, del doblez … Siguiendo a Chencho, en ese su entusiasta y agudo juego de construcción y palabra, cargado de intensa y diluida ambigüedad: ‘El doblez es la astucia con que la superficie habla, dando a entender lo contrario de lo que es’. El equívoco como excitación, como energía eterna que llega a detener el tiempo. La oscilación de profundidades y el espesor de las ideas en esos lugares de los continuos pliegues de las conciencias.

‘Lo, llamativo era que … cuando la escena se produjo en la realidad … calcada palabra por palabra … la persona que había escrito la obra y la escena en concreto ya se había suicidado’.

Imre Kertész, Premio Nóbel de Literatura 2002 y primer escritor húngaro que recibe este galardón, nació en 1929. A los quince años fue deportado a Auschwitz y luego trasladado a Buchenwald, campos del despropósito y del terror, de los que fue uno de los pocos supervivientes.

En 2003 publica la novela ‘Liquidación’. En ésta, su personaje principal, Keserü, que trabaja en una editorial, recoge los papeles póstumos de B, su amigo escritor, que se ha suicidado. Buscando entre ellos una novela inédita se embarca sin esperarlo en la revisión de su propia vida. Es entonces cuando comienza a desvelarse también la historia detrás del ‘escritor’: su pasado en Auschwitz, sus historias de amor, sus obras inacabadas y la influencia que tuvieron sobre él los cambios políticos de finales de los ochenta. Los protagonistas (Imre Kertész, Keserü, el personaje del manuscrito de B, que también es Keserü, y el propio B) se enfrentan a un mundo sin lógica, donde resulta complejísimo discernir quien es finalmente quien. El escritor y sus personajes se funden en memorias, recuerdos, relaciones, coincidencias, distancias, dolores, frustraciones, diluyendo tiempos y olvidos para crear una realidad ficticia de infinitas comprensiones y percepciones, que hacen del mundo concreto un espacio ilusorio y negable, de múltiples dimensiones.

Frases como, ‘Lo llamativo era … que cuando la escena se produjo en la realidad … calcada palabra por palabra, la persona que había escrito la obra y la escena en concreto ya se había suicidado’, nos producen perplejidad, al perdernos en un universo desconocido, extraño, irracional, que nos perturba y nos inquieta, nos estremece y nos apasiona. La tensión entre el 1 de la vaguedad y de la desorientación y el 1 de los recuerdos y de las vivencias que consideramos reales, la tensión entre el pasado y el presente, entre las historias y lo palpable, que desenfoca lo que pretendemos aprehender como supuesta verdad, cuestionando lo que suponemos vivir. La contraposición de ficciones y de certezas en la construcción, en este caso, de la huida.

Huida en los espacios intermedios de la meditación entre los 1s de lo inacabado y lo no construido.

Juan Gopar nos pedía hace unos meses, dentro de la actividad Especies de Espacios, organizada en el marco de la 1ª Bienal de Canarias, plantar unos árboles, unos siete, en la playa del Reducto en Arrecife.

La propuesta surgía como una ironía en el camino. En palabras de Oteiza, ‘tratando de huir de tantas derrotas sucesivas, ahora se trataba de escapar de la inevitable derrota final’. El trabajo significaba una lucha desigual contra el implacable y dramático paso del tiempo. Me imaginaba angustiado, desesperado, a la espera de su lento crecimiento en la lejanía de un sitio azotado por el sol y la ‘maresía’. Juan, ¡vaya trastada! No se trataba tanto de la desazón por no saber qué hacer, más sí del sentimiento de impotencia y extravío que tal petición me producía. Ahora sí que me perdía en la dislexia inexorable de los espesores del espejo, en una orgía angustiosa y trágica de 1s. La indecisión me llevó a escribirle una carta acompañada de unos sencillos dibujos.

En ella, de una manera muy ingenua, trataba sobre el proceso de formación del espacio público como paisajes de encuentro.

Este texto sirvió, posteriormente, como razón para desarrollar un guión para la edición de un pequeño corto de animación, que permitiera explicar a los niños, de una manera muy sencilla, como se llega a conformar el espacio público.

Una serie de pequeños dibujos ilustraban un argumento que preferí no terminar. El 1 de la ensoñación, de la carta, de la posible animación, se contrapone, en este caso, al 1 de lo inacabado y no construido. La contraposición de ficciones y de certezas en la construcción, en este caso, de la huida, consciente ante el miedo y la incapacidad para dar respuestas. El sueño, la inmersión en la tensión de los espacios intermedios, a modo de energía eterna que presupone el tiempo detenido. Negando la realización; meditando entre 1s; perdido plácidamente en ese lugar de la superficie calma del agua siempre agitada donde nace el silencio y la soledad … y mientras … Juan cargando los arbolitos por la playa, ilusionado, sudando …